¿Qué pasa con el cuerpo después de la muerte?
Tras el fallecimiento, el cuerpo entra en un proceso de cambio. Aunque al principio pueda parecer que “nada pasa”, en realidad ya no hay circulación, oxígeno ni defensa del sistema inmunológico. Esto hace que bacterias que antes vivían en equilibrio dentro del cuerpo comiencen a multiplicarse. No es algo que se note de inmediato, pero desde el punto de vista biológico, el cuerpo ya no puede protegerse… ni proteger a los demás.
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¿Hay riesgo real de contagio?
En la mayoría de los casos, no es común que besar a un difunto cause enfermedades, especialmente si la persona no murió por una causa infecciosa. Pero si hubo alguna enfermedad contagiosa como tuberculosis, hepatitis o una infección viral, sí podría existir un riesgo, sobre todo si hay contacto con la boca, heridas abiertas o fluidos corporales. No es lo habitual, pero tampoco es imposible.
¿Y si es parte de la tradición o religión?
Muchas familias, por costumbre o creencias, tienen la práctica de despedirse con un beso. No se trata de juzgar ni de eliminar ese momento íntimo, pero sí de adaptarlo. Algunas personas optan por un beso simbólico en la frente, sin contacto directo con labios o mucosas, o simplemente colocan una mano sobre el cuerpo con respeto y cariño.
Lo que realmente importa en la despedida
Despedirse no tiene que ser físico para ser significativo. Una palabra, una oración, un pensamiento o una carta pueden ser igual de poderosos que un beso. Lo esencial es el amor que se queda, no el gesto en sí.
En resumen
El impulso de besar a quien ya partió es completamente humano. Pero es importante saber que, aunque parezca inofensivo, puede tener ciertos riesgos. Hay formas seguras y respetuosas de decir adiós, sin comprometer la salud ni la de los demás. Lo que realmente importa es cómo recordamos y honramos a quienes amamos, más allá del último contacto.